23.02.2017 |

"Sentí la felicidad de dar sin esperar nada a cambio"

30 universitarias participaron de unas jornadas de voluntariado en el CAIF CADI de Casavalle

30 voluntarias, 5 días, 120 ruedas y varios litros de pintura. Después de un período de vacaciones y exámenes, un grupo de universitarias participó de unas jornadas de voluntariado en el CAIF CADI de Casavalle. La actividad fue organizada por el Voluntariado de la UM (VUM) y la Residencia Universitaria Del Mar.

Entre las estudiantes de la UM había alumnas de Ingeniería, Economía, Contador Público, Comunicación y Derecho. La mitad de las voluntarias era del Interior del país y la otra mitad de Montevideo. También participó una estudiante argentina que actualmente vive en Suiza con su familia.

La actividad comenzó el miércoles 15 de febrero. Al llegar al CADI, la directora, Ma. José Regueiro, presentó la institución y desarrolló el contexto de la zona en la que se encuentra. Relató que al CAIF asisten 400 niños. Además, por las tardes concurren niñas de primaria que reciben apoyo en su educación y liceales que reciben formación laboral. Contó también que el año pasado comenzó el colegio Los Rosales.

El trabajo consistió en pintar un container y un pasillo que lleva a otro container, donde los bebés reciben estimulación oportuna, ordenar y acondicionar el mobiliario del salón de arte y crear un espacio de juegos con ruedas.

Por las tardes, hubo algunos talleres sobre distintos temas. La profesora e investigadora de la UM Ana Balsa habló de dos estudios sobre educación y pobreza del Centro de Investigación en Economía Aplicada de la universidad.

Asimismo, contó los orígenes de la fundación ReachingU, que apoya proyectos educativos en Uruguay. Entre otras cosas, relató que la primera vez que reunieron dinero fue a través de un garaje sale en EEUU, mientras estudiaba su doctorado en Economía. El resultado fueron 500 dólares. Hoy la empresa ha crecido y en 15 años han invertido 7.600.000 dólares en educación.

En otro de los talleres, el profesor del IEEM Santiago Mercant explicó el impacto de una actividad de voluntariado. Aseguró que después de una experiencia así se produce un cambio en la persona que influye en la vida y remarcó la importancia de dedicar tiempo a otros de forma gratuita.

El Mag. en Dirección y Administración de Empresas dijo también que además de estas actividades es importante tener en cuenta la misión diaria, en la familia, con los amigos, en el estudio o el trabajo y asumir las decisiones importantes, muchas de las cuales se toman durante la juventud, sabiendo que en el camino habrían dificultades y que es necesario recordar que fueron elecciones personales y la recompensa es mayor.

Finalmente, el capellán de la UM, padre Xavier Masdeu, dirigió un taller sobre la empatía. Después de intercambiar opiniones sobre lo que implica estar en el lugar de otra persona, la discusión pasó a la importancia de conocer a los demás y darse a conocer.

Algunos días hubo también charlas de formación cristiana y Misa para las que quisieran asistir.

Agustina Peña es de San José y pasa a su último año de Ingeniería Civil. Contó que le encantó la experiencia porque la ayudó a conocer la realidad de esa zona de Montevideo: “Al venir del Interior no tenía mucho conocimiento sobre ese lugar. Pude además ver la importancia del CADI y de cómo ayuda a las familias que viven en Casavalle. Ponerme en contacto con esa realidad, a la que no estoy acostumbrada, me dejó pensando mucho”.

Asimismo, aseguró que a pesar de que era la primera vez que asistía a este tipo de actividades y no conocía al resto de las estudiantes que participaron, siempre se sintió acompañada. “Fue muy divertido y me traje algunas amigas. Espero poder ir el año próximo”, agregó.

Por otro lado, Antonella Wasiluk, que estudia Contador Público y es de Paysandú, dijo que aunque solamente puedo participar de la actividad durante el fin de semana porque trabaja, pudo “aprovechar al máximo”. “Se me pasó volando. Pude conocer a muchas chicas y compartir con ellas larga charlas mientras trabajábamos. ¡Fue increíble la alegría y entusiasmo que había en todas!”.

“También me parecieron excelentes las clases de formación cristiana y las charlas con distintos profesionales: en cada una pude aprender algo, no sólo para el voluntariado sino para el día a día. De alguna manera, cada una de nosotras se llevó algo particular de este encuentro, y en mi caso pude experimentar mucha paz interior y felicidad cuando se hace algo por otra persona sin esperar nada a cambio”, concluyó. 

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